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VIERNES, 21 DE FEBRERO DE 2014
Lugar: IES ORNIA - Hora : 17:15h
Igualmente, se comentará el cuento " ¡Diles que no me maten!" incluido en la obra "El llano en llamas" de Juan Rulfo |
Los puntos que puede comprobar el técnico antes de dar el visto bueno.
La apertura de una pescadería no termina cuando las obras han finalizado ni cuando el mobiliario está instalado. Antes de comenzar la actividad, el establecimiento debe acreditar que reúne las condiciones administrativas, técnicas, sanitarias y de seguridad que correspondan. La comprobación puede poner el foco tanto en la documentación presentada como en la distribución real del local, sus instalaciones y las condiciones de higiene.
La revisión municipal no tiene por qué ser idéntica en todos los municipios, ya que el procedimiento depende de la actividad, las características del establecimiento y la normativa local y autonómica aplicable. Aun así, existen determinados puntos que conviene comprobar antes de solicitar la apertura o afrontar una visita de inspección.
El primer bloque de comprobaciones se centra en que la actividad esté correctamente tramitada y que la realidad del establecimiento coincida con la documentación aportada.
El técnico puede comprobar que el inmueble resulta compatible urbanísticamente con el uso previsto. Un local que anteriormente funcionase como comercio no necesariamente cumple de forma automática las condiciones exigidas para una pescadería.
Fallo habitual: comenzar la reforma sin haber confirmado previamente la compatibilidad del establecimiento.
La distribución ejecutada debe corresponderse con los planos y documentación técnica presentados cuando estos sean exigibles. Se pueden revisar zonas de venta, preparación, almacenamiento, instalaciones y recorridos interiores.
Fallo habitual: modificar la distribución durante la obra sin actualizar posteriormente la documentación.
Dependiendo de las características del establecimiento, pueden existir instalaciones sujetas a reglamentos específicos que requieran documentación, certificados o legalizaciones.
Fallo habitual: disponer de una instalación aparentemente terminada, pero carecer de la documentación necesaria para acreditar su correcta ejecución.
Una vez revisada la parte documental, la inspección puede trasladarse al propio establecimiento. Aquí adquieren especial importancia las condiciones de funcionamiento diario.
Las superficies utilizadas para manipular pescado deben encontrarse en condiciones adecuadas de limpieza y mantenimiento. El diseño debe facilitar las tareas de higiene y evitar zonas donde se acumule suciedad o humedad.
En las zonas de exposición y preparación es habitual recurrir a mesas acero inoxidable, debido a que este material permite disponer de superficies resistentes y fáciles de limpiar cuando se mantiene correctamente.
Fallo habitual: instalar superficies difíciles de higienizar o con deterioros, juntas y zonas inaccesibles.
El técnico puede comprobar que el equipamiento instalado permite desarrollar la actividad sin generar problemas de higiene o circulación. Mostradores, vitrinas, cámaras, balanzas y otros elementos deben estar correctamente ubicados.
La elección de una mesa acero inoxidable no debe responder únicamente a criterios estéticos. Las dimensiones, ubicación y facilidad de limpieza también deben adaptarse a las operaciones que se realizan en el establecimiento.
Fallo habitual: colocar demasiado equipamiento y dejar pasillos o zonas de trabajo insuficientes.
Se debe comprobar que existe suministro de agua adecuado y que los puntos destinados a la limpieza y la higiene están correctamente instalados.
También puede revisarse la ubicación de lavamanos, fregaderos y sistemas de evacuación, especialmente cuando las operaciones de preparación del pescado requieren un uso frecuente de agua.
Fallo habitual: intentar concentrar diferentes operaciones de limpieza en un único punto de agua sin estudiar previamente las necesidades reales del establecimiento.
El agua procedente de la limpieza, del lavado de superficies o de determinadas operaciones relacionadas con el pescado debe poder evacuarse correctamente.
Fallo habitual: encontrar desagües insuficientes, mal ubicados o con problemas de pendientes que provocan acumulaciones.
La actividad alimentaria exige prestar especial atención a la conservación de los productos y a las condiciones higiénicas del local.
Las vitrinas, cámaras frigoríficas, congeladores y demás equipos deben ser adecuados para conservar los productos comercializados bajo las condiciones correspondientes.
El técnico puede comprobar su instalación y funcionamiento cuando forme parte del alcance de la comprobación, mientras que el control sanitario de la actividad también puede incluir otros aspectos relacionados con las temperaturas y el autocontrol.
Fallo habitual: instalar equipos insuficientes para el volumen real de pescado y marisco que se pretende almacenar y exponer.
Paredes, suelos, techos, superficies y equipamiento deben mantenerse en condiciones que permitan una limpieza eficaz.
Fallo habitual: priorizar acabados decorativos que presentan dificultades para su limpieza frente a materiales resistentes y adecuados para un establecimiento alimentario.
La actividad genera restos orgánicos y otros residuos que deben retirarse y gestionarse correctamente. Los recipientes destinados a estos materiales deben estar ubicados de manera que no interfieran con la manipulación de alimentos.
Fallo habitual: almacenar cajas, desperdicios o recipientes de residuos en zonas de trabajo o de circulación.
El establecimiento debe mantenerse en unas condiciones que dificulten la entrada y proliferación de insectos y otros animales. El orden, la limpieza, el mantenimiento y la correcta gestión de residuos desempeñan un papel relevante.
Fallo habitual: dejar huecos, puertas o elementos constructivos deteriorados que faciliten posibles entradas.
Aunque una pescadería trabaje con productos frescos, sigue teniendo instalaciones eléctricas, equipos frigoríficos, iluminación y otros elementos que deben cumplir las condiciones de seguridad aplicables.
Los medios de protección contra incendios exigibles dependerán de las características del establecimiento y de la normativa aplicable. Pueden incluir extintores, señalización, alumbrado de emergencia y otras medidas relacionadas con la evacuación y la seguridad.
El técnico puede comprobar que los elementos previstos están instalados en las ubicaciones correspondientes y que no quedan ocultos detrás de mobiliario o mercancía.
Fallo habitual: colocar un extintor en un punto poco accesible o modificar la distribución después de su instalación, dejando el equipo mal ubicado.
El cuadro eléctrico, las líneas y los diferentes receptores deben responder a las exigencias que correspondan. En una pescadería, la demanda puede ser considerable por la presencia simultánea de vitrinas, cámaras, congeladores, iluminación y climatización.
Fallo habitual: utilizar una instalación antigua que no está dimensionada para la potencia requerida por los nuevos equipos.
La inspección puede comprobar las condiciones de salida, los recorridos y aquellos elementos relacionados con la accesibilidad que sean exigibles al establecimiento.
Puertas, desniveles, anchuras de paso y obstáculos deben estudiarse antes de finalizar la reforma.
Fallo habitual: dejar la accesibilidad para el final de la obra y descubrir entonces que es necesario modificar elementos ya ejecutados.
Cuando resulten exigibles, las señales y los sistemas de alumbrado de emergencia deben encontrarse correctamente instalados y visibles.
Fallo habitual: tapar una señal con mobiliario, cartelería comercial o elementos utilizados para la exposición de productos.
Detectar una deficiencia no significa necesariamente que la pescadería no pueda abrir definitivamente. Las consecuencias dependerán del tipo de incumplimiento, del procedimiento administrativo utilizado y de la normativa aplicable.
Una incidencia puede obligar a corregir una instalación, modificar una distribución, aportar documentación adicional o realizar determinadas actuaciones antes de continuar con el procedimiento. Si el problema afecta a cuestiones relevantes de seguridad o salubridad, su solución puede resultar más compleja y costosa.
Por esta razón, la comprobación debería comenzar antes de terminar las obras. Esperar a que aparezcan las deficiencias durante la inspección puede obligar a desmontar equipamiento o repetir trabajos que ya estaban finalizados.
Una semana antes de la fecha prevista conviene realizar una revisión completa del establecimiento siguiendo el mismo criterio que se utilizaría durante una comprobación externa.
Primero hay que comparar planos y realidad: puertas, paredes, mostradores, cámaras y zonas de trabajo deben coincidir con la distribución prevista.
Después conviene revisar las instalaciones. El cuadro eléctrico debe estar accesible, los equipos frigoríficos correctamente colocados y los puntos de agua y desagüe preparados para el funcionamiento habitual.
También resulta recomendable comprobar que los medios de protección contra incendios están accesibles, que las salidas y recorridos permanecen despejados y que la señalización puede verse con claridad.
En materia sanitaria, la revisión debe incluir superficies, limpieza, almacenamiento, equipos de frío, residuos y zonas de manipulación. Una buena prueba consiste en imaginar una jornada de máxima actividad y comprobar si cada operación puede realizarse sin cruzar mercancías, residuos y producto preparado.
El problema más costoso suele aparecer cuando el negocio se diseña pensando únicamente en la estética o en aprovechar al máximo la superficie comercial. Una pescadería necesita espacio para recibir mercancía, conservarla, prepararla, exponerla, atender al público, limpiar y gestionar residuos.
Por eso, la inspección para la apertura de una pescadería debe entenderse como una comprobación global del establecimiento, no como una simple revisión de papeles. Documentación, distribución, higiene, frío, instalaciones, accesibilidad y seguridad deben funcionar de forma coherente.